miércoles, 3 de abril de 2013

Mi primera vez... en un partido de tenis

Todavía recuerdo ese 15 de septiembre de 2011. Había estado participando en un concursillo de Facebook que había organizado un patrocinador de la Copa Davis para las semifinales en Córdoba, y tenía el asunto en la cabeza ya que el día siguiente era viernes 16 y empezaba la eliminatoria.

Total, que era la 924379ª vez que entraba en la página esa tarde, cuando veo que han publicado el ganador… Y no, no era yo. Pero los benditos decidieron regalar otras tres entradas a los tres primeros de un ranking, (un día de eliminatoria para cada uno), en el que yo estaba tercera. Mi padre, que estaba durmiendo la siesta, el pobre, fue al que me dirigí primero para comunicarle la noticia: “¡¡¡AAAAAHHHHHHHHHHHHH!!! (llorando y riendo)… Papá, ve arrancando el coche que mañana nos vamos pa’ Córdoba”. Lo desperté muy sosegadamente, como podéis apreciar.

Fue una suerte que me regalaran las entradas para el viernes. Primero, porque me aseguraba de que se juegan los dos partidos completos (el domingo quizás no se hubieran jugado). Segundo, porque también me aseguraba de que iba a ver en acción a Rafael Nadal y David Ferrer, los grandes. Y tercero, porque si me hubiera tocado las del sábado, sólo hubiera visto un partido: el de dobles (que además es nuestro punto débil, como bien se demostró…). ¡Ah! Y porque a los de los palcos nos dieron una bolsa con muchos regalitos. Los otros dos ganadores que fueron el sábado y el domingo se quedarían sin ellos. ¡Se siente!

Después de la aneurisma que casi me da de la emoción y de una noche de poco dormir, se presentaba la mañana más emocionante de mi vida, y no era para menos. Por fin iba a ver en jugar en directo a mi admirado Rafael Nadal y a todo el equipo de La Armada: David Ferrer, Feliciano López, Fernando Verdasco y cía. Además del equipo francés, compuesto por el grandullón Jo-Wilfried Tsonga, Richard Gasquet, Gilles Simon y Michael Llodrá.

Llegué a la plaza de toros de Córdoba y lo que hice primero fue ir derecha al stand del patrocinador en cuestión a que me entregaran las entradas. Me hicieron pasar por el trago de ponerme un sombrero de la marca y grabarme en una especie dephotocall, pero por suerte nunca llegué a ver semejante vídeo.

Mientras que llegaba la hora del espectáculo, nos dimos una vuelta por todos los stands. Lo típico: gente haciéndose fotos con una raqueta gigante, comprando pelotas de tenis gigantes, señoritas repartiendo plátanos (normales, no gigantes) al grito de “como los que come Nadaaaaaaal!“, o abanicos (que falta iban a hacer). Pasé al lado de las pistas de entrenamiento y podía escuchar perfectamente los grititos de los tenistas y el peloteo. Ahí ya empecé a sentir lo cerca que iba a tenerlos. Y a dar saltitos de alegría, también.


No duramos mucho tiempo dando vueltas por los stands porque mi impaciencia me empujaba a entrar ya en la plaza de toros. Llegamos al palco correspondiente y, uf, la verdad es que solo ver en persona la tierra batida y todo el tinglaomontado, impresiona. Es todo muy… grande. También impresionan esas pequeñas cosas que siempre vemos (o que no vemos) por la tele: las cabinas de radio y de TVE con sus presentadores retransmitiendo en directo, las cámaras, las manías de los jugadores, las unidades móviles, las reacciones de todos los componentes de los equipos a las jugadas, etc. Por casualidad, a mi lado había una chica que había ganado otro concurso que organizó TVE, por lo que la entrevistaron ahí mismo en directo. ¡Qué curioso resultó! A vosotros os parecerán tonterías, (que por otro lado, lo son) pero a mi me hacen ilusión, que salgo poco del pueblo.


En fin, los toros saltaron al ruedo por la puerta de toriles, y tanto Nadal como Ferrer les dieron una paliza a sus contrincantes, Gasquet y Simon, respectivamente. Rápido e indoloro. Y muy, muy divertido. Quizás más el partido de Ferrer; Nadal ganó demasiado fácil. A pesar del calor abrasador, el ambiente era festivo e inmejorable. No paramos de animar, cantar y de chafar al sector francés del público, cada vez que intentaban alzar sus voces por encima de las nuestras. Pero qué buena gente somos, ¿eh?

En fin, lo bueno se acaba pronto, y cuando me quise dar cuenta ya estaba caminando fuera de la plaza de toros. Momento curioso en el que los coches (más bien cochazos) oficiales con los jugadores pasaron por nuestro lado a dos centímetros camino de vuelta al hotel. En el primero iba Rafa Nadal de copiloto saludándonos a todos y, por cierto, casi me atropella, pero eso es un detalle sin importancia… “Espectadora es atropellada por el coche de Nadal”, menudo titular, señores…

Y esta ha sido mi primera entrada de prueba, podríamos decir. Escribiré de vez en cuando sobre Fórmula 1, tenis o lo que se ponga por delante. Pero a mi manera, que para leer simples noticias o resultados ya tenéis el Marca.

Como diría Iker Casillas, ¡saludos, jóvenes!